lunes, 25 de agosto de 2008

¿Cómo tratar a un ángel?

Vaya pregunta, y qué miserable respuesta,
cuando el alma no perdona
y el corazón aparenta.

Sentir con los pulmones, querer con la mirada,
y te veo de cerca
y no dices nada.

Te prometo la Luna, un ramillete de estrellas,
te ries despacio
como si no las tuvieras.

Regálame tus ojos, una sonrisa eterna,
qué tontera la mia
qué inocencia enferma.

Claro que cambia el sentido, ahora no tengo penas,
que tu aroma cubra mi cuerpo
que tu sangre corra en mis venas.

Cómo tratar a un ángel, cómo abrazar el viento,
cómo decirte a veces
todo lo que por ti siento.

Va dedicado a ti, y solo para ti. Lo escribí en el taller de Producción de textos, y me saqué un seis cinco.

Qué me dices tú...

Cómo nos cambia el enfoque... Anoche, mientras leia las cosas escritas bajo el techo de la tristeza, pensaba cuándo fue que recobré el sentido de la vida, cuándo, en que segundo exacto, damos una vuelta en 180 grados y quedamos mirando para el otro lado, para el lado más amable de la existencia. Es entonces cuando recuerdo aquel nido de pajarillos en el cerro, aquella brisa con olor a mar, aquella palabra empeñada, todo.
Ahora me resulta claro, y pienso que a cualquiera le podría resultar fácil digerir todas aquellas "señales de vida", pero en el momento, cuando te encuentras segado por una venda sobre tus ojos, y te empeñas en pensar que todo está en tu contra, sólo vemos lo que nos produce mayor dolor. Y es cierto, no es nuestra culpa. Aquel que no haya pasado por una depresión, por más leve que esta sea, no tiene idea de cómo se siente y de cómo se vive.