martes, 3 de junio de 2008

El Hijo de la Luz.

Inquietante es la necesidad de verdad, salvo algunos casos contados con los dedos de las manos. Es una innegable realidad que todos queramos ser participes de la realidad más creible, más conveniente. Tristemente, por causa de seguir ciegamente a la mayoría y llegar a dudar, incluso, de nuestro propio criterio, nuestro mundo, más bien, nuestro género, se ha estancado en un agujero oscuro y profundo del que nadie tiene intenciones de salir, pero todos se pelean por llenar.
Ocurre que, siendo consecuente con mi discurso anterior, no siempre lo verdadero es real, me explico. Existe una cita histórica que dice lo siguiente:"la historia es escrita por los vencedores", y es cierto. O es posible acaso conocer la historia a través de lo que digan los perdedores de la historia. Me parece inocente pensar que, por ejemplo, los indigenas primitivos de norte américa revelen, y sea tomado como verdad absoluta, las miles y una vejaciones por las que pasaron, por todos aquellos abusos y malos tratos, etc.
Entonces, no podemos tachar como verdad, en todo nivel de cosas, a aquello de lo cual conocemos una parte, muy maquillada y arreglada a conveniencia para deleite de masas deseosas de triunfales hazañas y reconocimiento gratuito.

Cuando los demonios lloran

Asi como todo lo festivo de la creación, existen también seres ajenos a nuestro entender mundano, seres que tan sólo aparecen en tiempos de tinieblas. Cada vez que algo salió mal y, sabiendo que la culpa es toda nuestra, culpamos a espectros invisibles, cargados de vibración negativa, de "mala onda", personajes que quieren hacernos mal, destruirnos. Y si yo les dijera que la verdad es mucho más profunda que un simple credo popular, que cada uno de nosotros genera un amplio abanico de estos seres, con el simple hecho de existir.
Y es que todo lo malo del mundo es generado por nosotros -contaminación, guerras, hambre, etc.- y no vemos a demonios esparciendo plagas ni tristezas. Alguno de ustedes me puede refutar diciendo que la imagen de Satanás aparece en cada uno de los niños muertos en Afganistán, por ejemplo, pero esto es sólo una añeja y fastidiosa escusa para ocultar lo real, lo importante.