lunes, 25 de agosto de 2008

¿Cómo tratar a un ángel?

Vaya pregunta, y qué miserable respuesta,
cuando el alma no perdona
y el corazón aparenta.

Sentir con los pulmones, querer con la mirada,
y te veo de cerca
y no dices nada.

Te prometo la Luna, un ramillete de estrellas,
te ries despacio
como si no las tuvieras.

Regálame tus ojos, una sonrisa eterna,
qué tontera la mia
qué inocencia enferma.

Claro que cambia el sentido, ahora no tengo penas,
que tu aroma cubra mi cuerpo
que tu sangre corra en mis venas.

Cómo tratar a un ángel, cómo abrazar el viento,
cómo decirte a veces
todo lo que por ti siento.

Va dedicado a ti, y solo para ti. Lo escribí en el taller de Producción de textos, y me saqué un seis cinco.

Qué me dices tú...

Cómo nos cambia el enfoque... Anoche, mientras leia las cosas escritas bajo el techo de la tristeza, pensaba cuándo fue que recobré el sentido de la vida, cuándo, en que segundo exacto, damos una vuelta en 180 grados y quedamos mirando para el otro lado, para el lado más amable de la existencia. Es entonces cuando recuerdo aquel nido de pajarillos en el cerro, aquella brisa con olor a mar, aquella palabra empeñada, todo.
Ahora me resulta claro, y pienso que a cualquiera le podría resultar fácil digerir todas aquellas "señales de vida", pero en el momento, cuando te encuentras segado por una venda sobre tus ojos, y te empeñas en pensar que todo está en tu contra, sólo vemos lo que nos produce mayor dolor. Y es cierto, no es nuestra culpa. Aquel que no haya pasado por una depresión, por más leve que esta sea, no tiene idea de cómo se siente y de cómo se vive.

martes, 3 de junio de 2008

El Hijo de la Luz.

Inquietante es la necesidad de verdad, salvo algunos casos contados con los dedos de las manos. Es una innegable realidad que todos queramos ser participes de la realidad más creible, más conveniente. Tristemente, por causa de seguir ciegamente a la mayoría y llegar a dudar, incluso, de nuestro propio criterio, nuestro mundo, más bien, nuestro género, se ha estancado en un agujero oscuro y profundo del que nadie tiene intenciones de salir, pero todos se pelean por llenar.
Ocurre que, siendo consecuente con mi discurso anterior, no siempre lo verdadero es real, me explico. Existe una cita histórica que dice lo siguiente:"la historia es escrita por los vencedores", y es cierto. O es posible acaso conocer la historia a través de lo que digan los perdedores de la historia. Me parece inocente pensar que, por ejemplo, los indigenas primitivos de norte américa revelen, y sea tomado como verdad absoluta, las miles y una vejaciones por las que pasaron, por todos aquellos abusos y malos tratos, etc.
Entonces, no podemos tachar como verdad, en todo nivel de cosas, a aquello de lo cual conocemos una parte, muy maquillada y arreglada a conveniencia para deleite de masas deseosas de triunfales hazañas y reconocimiento gratuito.

Cuando los demonios lloran

Asi como todo lo festivo de la creación, existen también seres ajenos a nuestro entender mundano, seres que tan sólo aparecen en tiempos de tinieblas. Cada vez que algo salió mal y, sabiendo que la culpa es toda nuestra, culpamos a espectros invisibles, cargados de vibración negativa, de "mala onda", personajes que quieren hacernos mal, destruirnos. Y si yo les dijera que la verdad es mucho más profunda que un simple credo popular, que cada uno de nosotros genera un amplio abanico de estos seres, con el simple hecho de existir.
Y es que todo lo malo del mundo es generado por nosotros -contaminación, guerras, hambre, etc.- y no vemos a demonios esparciendo plagas ni tristezas. Alguno de ustedes me puede refutar diciendo que la imagen de Satanás aparece en cada uno de los niños muertos en Afganistán, por ejemplo, pero esto es sólo una añeja y fastidiosa escusa para ocultar lo real, lo importante.